La Nueva Crónica / Nuestros ríos están llenos de vida, las maravillas de nuestros recursos acuáticos están ahí para disfrutarlos; pesca, natación, navegar o caminar por sus senderos son algunas de las actividades más divertidas que se pueden hacer al aire libre. 

Pero hay peligros en el agua. Hay peligros en el río que debemos de conocer. Para realizar nuestra afición, la pesca, necesitamos buena vista, buenos brazos y piernas, pero sobre todo cabeza. Todas las actividades que desarrollamos en plena naturaleza siempre conllevan riesgos. El agua no es nuestro medio natural por ello debemos de ser precavidos. Nuestra seguridad en el río depende mucho del respeto que tengamos al poder del agua. Nunca subestimar su poder, una moderada corriente puede ejercer sobre tu cuerpo una fuerza de varias toneladas y arrastrarte en pocos segundos los metros suficientes para ponerte en una situación de riesgo. Todos los años tenemos algún suceso desgraciado en los ríos. Son varios los factores que pueden poner en peligro nuestra integridad y que debemos de tener en cuenta para ejercer nuestra afición dentro de unos parámetros razonables de seguridad.

Reconocer la zona del río donde vamos a actuar es fundamental para realizar una pesca apacible. Para pescar no es necesario caminar por el lecho del río, la mayoría de los peces comen por las orillas, pero si tienes que vadear o caminar por el cauce no pierdas el fondo de vista, hazlo despacio, de lado y asegura un píe antes de mover el otro, nunca transites por zonas de barro o fangosas que pueden generar procesos de succión. Llevar el calzado apropiado, con unas buenas suelas o cadenas y un bastón te pueden ayudar mucho. Las opciones de manejo mecánico de caudales que ofrece cualquier presa se puede traducir en crecidas repentinas con el consiguiente peligro, si estás en el cauce del río y ves arrastre de hierbas o ramas salte rápido no te sorprenda la riada. También debes salirte del río si sientes mareos o malestar, hay muchos más días para pescar.

Para pescar se necesita buena vista, brazos y piernas, pero sobre todo cabeza: nunca subestimar el poder del agua

Los señuelos están diseñados para apresar al pez, es por ello que sus anzuelos son muy peligrosos, se nos clavan al menor descuido, los ojos es lo más delicado de nuestro cuerpo, protegerse con gafas es una buena medida. Si se nos clava en alguna parte del cuerpo proceder a cortar el sedal, quitar la muerte del anzuelo y sacarlo con calma, si lo vemos complicado hay que ir al médico. 

Las tormentas son otros enemigos a tener en cuenta. El rayo es la parte más peligrosa del mal tiempo. El ser sorprendido por una tormenta eléctrica en plena acción de pesca puede ser una experiencia aterradora. La caña, el agua y los árboles son buenos conductores y atraen a los rayos. Debemos alejarnos del agua y buscar un lugar más conveniente, el coche es un sitio seguro en estos casos mientras no se toquen los laterales, la caña la debemos de enfundar o incluso abandonarla. Si percibes que el rayo te puede alcanzar, lo notarás porque el pelo se te eriza y sientes un cosquilleo intenso en la piel, tírate al suelo de rodillas y dobla el cuerpo hacía delante, apoya las palmas de las manos en el suelo, junta los pies y aguanta la respiración, esto que es cuestión de segundos te puede salvar la vida, se puede entrenar.

Hay que evitar los vacunos aunque sea dando un rodeo y examinar donde sentarse y apoyarse por si hay ofidios 

Tanto el frío como el calor nos pueden desbaratar la jornada de pesca. Ojo con el frío, la hipotermia aunque sea leve nos puede ocasionar trastornos serios: ropa adecuada y abrigarse bien. El sol, sin ninguna protección, puede ser otro enemigo importante, el calor extremo te puede llevar a padecer un síncope, gorra o sombrero y unas gafas de sol o polarizadas pueden ser de considerable ayuda. Si vamos a pescar muchas horas debemos de llevar también bebida y comida.

Por la ribera siempre podrás encontrarte con animales tanto domésticos como salvajes. Los vacunos evitarlos aunque sea dando un rodeo. Los perros también evitarlos o protegerse con un palo, si esto no funciona meterse en el río. Los ofidios, si no tropiezas con ellos marcharan, examinar los lugares para apoyarse y sentarse, si te muerden…corriendo al médico. Para los mosquitos y otros insectos, lo mejor es la protección, pero si ya te han picado no te rasques, el agua fría te aliviará. El mosquito no se apiada del hombre, por más flaco que esté.
Los demás pescadores no son enemigos sino compañeros de afición, lo cortés no quita lo valiente, un saludo o una ayuda en ciertos momentos es de agradecer. La Guardia Civil y los Agentes de Medioambiente están ahí para ayudarnos y su presencia la debemos tomar como salvaguardia de los ríos y la naturaleza. Solo los furtivos los tienen que temer.
Un buen compañero de pesca es el complemento ideal, dos siempre mejor que uno, para protegerse, ayudarse y compartir. Pescar y disfrutar… tranquilos y seguros.