Ángel G. Alameda / A Ávila le debía una el Tour de Francia. Tras estar a punto de acariciar lo más alto del podio Julio Jimenez en el año 1967 y Ángel Arroyo en 1983, segundos en la general de la carrera francesa, por fin en el 2008 se cumplió el sueño más acariciado por la afición. Carlos Sastre, madrileño de nacimiento pero abulense de corazón, se proclamaba vencedor de la edición de ese año, pudiendo ver su figura en el estrado de los Campos Elíseos parisinos. Ocurría un 27 de julio y hoy se cumple una década de la gloria alcanzada por el barraqueño.

Ganar un Tour no está al alcance de cualquiera. El palmarés de la prueba gala tiene entre sus ganadores desde su inicio en 1903 a nombres míticos como Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault, Greg Lemond, Gino Bartali, Fausto Coppi o Louison Bobet. Todos ellos se habían llevado varias ediciones, con un español, Miguel Indurain, entre los mejores del ranking de victorias. Cinco atesoraba el navarro al igual que Anquetil, Merckx o Hinault, porque las siete conseguidas de forma consecutiva por el estadounidense Lance Armstrong entre 1999 y 2005 le fueron retiradas por dopaje.

Cuando Sastre arrancó la ronda francesa en Brest el 5 de julio de 2008 no había un claro favorito para el triunfo final. El doping estaba de plena actualidad y por su causa la organización excluyó la participación del Astana, equipo en el que se encontraba el vencedor de la edición anterior, Alberto Contador. Ni el de Pinto ni sus compañeros Andreas Kloden -segundo en 2004 y 2006- y Levi Leipheimer -tercero en 2007- pudieron correr en esa edición y presentar su candidatura al triunfo.

En la línea de salida estaba Alejandro Valverde que diez años después sigue dando guerra en el Tour. El murciano venció en la primera etapa y vistió de amarillo en la siguiente. Una pájara en el Tourmalet le descartó para la victoria final. El británico Cadel Evans fue líder durante cinco jornadas aunque el final de la 15ª jornada en Prato Nevoso le apeó de la primera plaza en favor del luxemburgués Franck Schleck, compañero de Carlos Sastre en el CSC y quien tenía todos los pronunciamientos favorables para hacerse con la victoria final, contando con el apoyo del director, Bjarne Riis.

Difícil lo tenía el abulense que había sido tercero en la general los dos años anteriores y ganado dos etapas, la primera en 2003 en Ax3 Domaines y la segunda en Morzine en 2006, en este caso por descalificación del estadounidense Floyd Landis. Por su edad, 33 años, pocas oportunidades tenía ya de vestirse de amarillo. Llegaba la 17ª etapa con final en Alpe d’Huez, la última de montaña y la última ocasión en la que podía hacer algo importante. Después quedarían solo cuatro días más, con una larga contrarreloj de 53 kilómetros que en nada le favorecía.

La etapa que salía en Embrun y acababa en Alpe d’Huez era la cuarta más larga de 2008. Sastre estaba cuarto en la general y el líder le aventajaba en 49 segundos. El recorrido era de 210 kilómetros y antes del puerto final estaban dos colosos como el Galibier y la Croix du Fer. Se superaron éstos sin ninguna emoción. Al llegar a la falda de Alpe d’Huez, con 21 curvas por delante, la carrera estaba tremendamente aburrida porque los favoritos no se había dejado ver.

Nada más comenzar la subida arrancó a toda mecha Carlos Sastre. Tras su rueda salió el ruso Denis Menchov y luego Cadel Evans. Pillaron al abulense, que volvió a saltar con fuerza y dejar a sus acompañantes para adquirir una mínima ventaja. Quedaba todavía mucho, diez kilómetros a la meta, y además por detrás tenía como enemigos a su propio equipo, con los hermanos Franck y Andy Schleck a la cabeza.

A medida que ascendía, Sastre adquiría mayor ventaja hasta el punto de colocarse como líder virtual de la carrera. A dos kilómetros del final la diferencia a su favor era de dos minutos y cuando entraba triunfador en la meta subía a 2’13” que le daba una ventaja de 1’24” en la general sobre Franck Schleck, segundo, de 1’33” sobre el austríaco Bernhard Khol, y de 1’34” sobre Cadel Evans. El maillot amarillo ya estaba en poder de Carlos Sastre y debía defenderlo con uñas y dientes hasta París.

El triunfo de Alpe d’Huez no fue fruto de la casualidad aunque los astros se alinearan en el sitio adecuado y en el momento oportuno. El corredor abulense lo tenía todo pensado de cómo maniobrar en la jornada. Y el planteamiento le salió bien. Como ocurrió en los días siguientes, sobre todo en la contratrreloj entre Cérilly y Saint Amand Montrond. Él era sobre todo escalador pero supo aguantar contra el crono, cediendo únicamente 29 segundos respecto a su principal rival, Cadel Evans.

Los Campos Elíseos aclamaron a Carlos Sastre que se convertía en el séptimo español en llevarse el Tour después de Bahamontes, Ocaña, Perico, Indurain, Pereiro y Contador. Detrás quedaban los once años como profesional siempre teniendo un líder por delante. Era el mayor éxito de la escuela de El Barraco que dirigía su padre Víctor Sastre, forjador de numerosos ciclistas que alcanzaron éxitos en la máxima categoría del deporte de las dos ruedas. En el recuerdo su cuñado José María Jiménez ‘Chava’, malogrado genio del pedal que hacía casi cuatro años había dicho adiós a este mundo.

La saga Sastre una década después continúa con Yeray Sastre, aquel niño hijo de Carlos que vivió inquieto y en directo el éxito de su progenitor en el podio parisino y que ahora destaca como ciclista en la categoría infantil donde es actualmente el campeón de Castilla y León.