El domingo ha amanecido perfecto para salir en bici. Las páginas meteorológicas que consulté en el teléfono móvil daban un tiempo perfecto, como a mí me gusta, con algo de nubes que tapan de vez en cuando el sol y una temperatura agradable. Poco viento, cosa que es muy importante ya que en ocasiones las rachas han comprometido mi seguridad.
Había quedado con Javier para ir hasta Arévalo, algo más de dos horas y media, tomarnos allí algo, y después vuelta para Ávila. Marta y Belén, nuestras mujeres, habían quedado también para ir a hacer unas compras por el centro y después comeríamos los cuatro. Esta vez hemos quedado en comer en un asiático de esos nuevos. Ninguno lo hemos probado y nos ha dado la curiosidad. Ya veremos, porque a veces los inventos no salen bien y Javier y yo volveremos con un hambre de narices después de nuestras pedaleadas.
Como siempre que quedamos, hemos madrugado. Hace poco que ha amanecido y el Sol despunta por el horizonte. Lo preferimos así ya que el frescor de la mañana es muy de agradecer. Un choque de manos sirve para saludarnos. No tardamos en calentarnos en cuanto recorremos las primeras calles de Ávila en busca de la calle del cementerio. Nos encontramos con otros conocidos que le dan al pedal, igual que nosotros, y nos saludamos con la mano.
Pasamos por al lado del parque de bomberos, el cementerio y continuamos por la carretera de Valladolid. ¡Qué gusto el aire en la cara! La bicicleta va de lujo. La compré en una tienda de Ávila y me hicieron un precio especial. Se quedaron con la que tenía antes. Me dijeron que la pondrían a punto y que seguro que a alguien que se quisiera iniciar le vendría de lujo. Yo la tenía cariño pero no tengo sitio para tener dos bicicletas y como a mí mujer no le gusta pedalear, pues decidí deshacerme de ella. La verdad es que me acuerdo mucho de mi ¡burra!, la de alegrías que me ha dado…
Pasamos el desvío que lleva al embalse de las Cogotas. Por allí también se va al castro vettón. Es interesante y de vez en cuando voy por allí. Hay una novela que comienza su historia en esa aldea, se llama Óbila, la leyenda del vettón. Está bastante entretenida, al menos para mí que me gustan ese tipo de novelas con los vettones, los romanos y todas esas cosas.
Dejamos a nuestra izquierda Mingorría y la carretera, hasta el momento, va muy bien. Como hemos salido pronto casi no hay tráfico. Javier me va contando la última discusión con su mujer, nada demasiado grave, y yo le cuento también alguna que otra enganchada que tengo con la mía. Si es que no se puede vivir con las mujeres pero a ver que haríamos nosotros si no las tuviésemos cerca… Me imagino que a nuestras mujeres les pasará lo mismo. Seguro que ellas nos ponen finos cuando se juntan. Ley de vida.
Continuamos dando pedales y pasamos Santo Domingo de las Posadas y Pajares de Adaja. En esta última localidad había una emisora de radio. Yo, de vez en cuando, la escuchaba. Parece ser que era propiedad del ayuntamiento y la cerraron porque no se sostenía económicamente. Me suena que hubo sus más y sus menos entre los distintos partidos del consistorio por ese tema. En cualquier caso, siempre es una pena que se cierre un medio de comunicación.
Ya escucho los coches que van por la A-6 cuando, de repente, noto que algo se me mete por el maillot, lo noto por la espalda. Noto como un calambre, otro, un dolor insoportable que me hace perder el control de la bicicleta. Me choco con Javier y ambos caemos al suelo. Me sacudo la ropa y por el cuello sale una avispa inmensa. ¡Qué dolor! Noto las rodillas magulladas y Javier no está mucho mejor, también sangra por las rodillas. °Menos mal que el casco nos ha librado de sufrir ning˙n traumatismo en la cabeza!
Mi bicicleta no parece haber sufrido pero la de mi compañero de travesía tiene una de las ruedas totalmente deformada. Entre eso y el estado en que nos encontramos no podemos continuar…
Menos mal que hace unos meses fui a ver a Carlos del Solo, que es un mediador de seguros de Ávila a hacer unos trámites y surgió en la conversación que me gustaba darle a los pedales. Él me informó de que existía un seguro muy económico que cubría a los ciclistas la responsabilidad civil y ofrecía una buena asistencia en viaje además de otras coberturas. La verdad es que no me lo pensé ni un momento y por los algo más de 37 euros al año que cuesta lo contraté de inmediato. Ahora me acuerdo de la conversación y le estoy agradecido por la información. Javier, en cuanto se lo conté, también contrató el seguro de ciclista.
Llamamos a la compañía y le contamos lo sucedido. Con celeridad nos mandaron un vehículo preparado para llevarnos a nosotros y a nuestras bicis. Como la rueda de mi amigo se había deformado me dijeron que al tener yo contratada la responsabilidad civil se le repararía o indemnizarÌa sin problemas ya que yo había ocasionado el accidente al golpearlo con mi bicicleta. Nos preguntaron si necesitábamos asistencia médica pero pensamos que no era para tanto y la rechazamos. En casa nos haríamos una pequeña cura en las rodillas con un poco de yodo. Quizás me acerque al centro de salud para que me miren los picotazos de la dichosa avispa.
Al final no pudimos llegar a Arévalo pero, aunque tuvimos un percance, el tener un seguro nos sacó del apuro y permitió que mi amigo Javier pudiese tener otra vez su bicicleta en orden para la siguiente pedaleada.
Por supuesto, nuestras mujeres, como era de esperar, nos echaron la bronca ya que no las gusta demasiado que salgamos con la bicicleta pero es que tenemos a nuestras esposas, con las que convivimos (y nos regañan) y a nuestras novias, con ruedas y pedales, con las que disfrutamos al sentir el aire en el rostro. No podemos renunciar a ninguna aunque ambas nos dan alegrías y disgustos. Las queremos a las dos…
Si quieres que Carlos del Solo, el mediador de seguros, te informe con respecto al seguro que tenemos contratado Javier y yo, te insto a que le llames o que le vayas a visitar. Su móvil es el 619200847 y está en Ávila, en la calle Bajada de Don Alonso, 5 local. Seguro que te atiende muy bien y te cuenta de qué va eso del seguro de ciclistas.
Y bueno, ya estoy deseando que amanezca otro domingo igual… pero espero que con menos incidentes. ¡Felices pedaleadas!






