Ángel G. Alameda / El fútbol, a veces, es un espejo cruel. Y este sábado, en los Anexos del Estadio Helmántico, dos equipos se mirarán en él con la urgencia de quienes saben que el tiempo se agota. El Salamanca UDS B y el Colegios Diocesanos, los dos colistas de la categoría, se enfrentan en un duelo que huele a supervivencia. No es solo un partido más: es el quinto intento, el quinto suspiro, el quintoround de una pelea donde el perdedor se quedará con el aliento cortado y la clasificación como un lastre cada vez más pesado.

Los abulenses llegan con el eco de su primer punto de la temporada, un empate ante el Almazán que les permitió romper el hielo de la derrota. Ahora, buscan el calor de la primera victoria. Hugo Jiménez, con su gol la pasada jornada, les ha regalado un destello de luz en la oscuridad. «No hay quinto malo«, dicen, y el Dioce de Pablo Rodríguez sueña con que esta sea la tarde en que el destino les sonríe. La permanencia es el objetivo, y sumar en Salamanca sería un paso de gigante. Pero el rival, el filial charro, no tiene intención de regalar nada.

El Salamanca UDS B, dirigido por Pablo Cortés, un técnico que conoce los vericuetos de la categoría, llega herido. La goleada encajada en Villaralbo (4-0) aún les escuece. Antes, una derrota ajustada en Almazán (2-1), un empate en el derbi frente al Unionistas B (1-1) y una caída en casa ante la Arandina (3-4) después de ir ganando 2-0. Son números que hablan de un equipo irregular, pero peligroso. Y en casa, aunque sea en los Anexos, el orgullo charro no se rinde fácil.

El historial entre ambos es curioso: cuatro enfrentamientos, dos victorias locales para cada uno y ninguna diana en los desplazamientos. Una estadística que añade misterio al partido. ¿Romperá alguien la maldición este sábado? El árbitro, Pablo Cascudo Arregui, junto a sus asistentes Ainhoa Bernardo García y Alberto González García, será testigo de un choque donde el error se pagará caro y el acierto, más que nunca, será moneda de salvación.

El balón rodará a partir de las 18:00 horas. Y entonces, entre el frío octubrino y el murmullo de las gradas, se escribirá otro capítulo de esta liga. Uno en el que los dos equipos saben que, a veces, el fútbol no perdona. Y que, en los Anexos del Helmántico, el quinto partido podría ser el que marque la diferencia entre el abismo y la esperanza.

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