@RetoCarlosSoria | Que Carlos Soria es un gran alpinista y ejemplo de superación a sus 76 años ya es por todos conocidos. Pero hoy no queremos hablar de esta faceta suya, si no de su corazón solidario.  Su querido pueblo de Sama no ha quedado intacto por el terremoto, pero para su felicidad no han sufrido pérdidas personales.

Samagaon o Sama acogió a Carlos Soria en su primera expedición al Himalaya en 1973. Desde entonces el alpinista abulense ha creado un vínculo especial con este pueblo a los pies del Manaslu, uno de los 14 ochomiles, cuyo nombre en sánscrito significa “la montaña del espíritu”, hasta convertirse en la cumbre solidaria de Carlos Soria. 
Este pequeño pueblo al norte de Nepal, a 3500 metros de altitud, entre las aldeas de Lho y Samdo, en la cabecera occidental del valle de Nubri, a solo cuatro horas del campo base del Manaslu (8163m). Cercana a la frontera con el Tíbet, esta aldea de tradición budista no tiene luz eléctrica, ni agua corriente ni carretera de acceso (desde la capital del distrito, Gorkha, se tarda unos cinco días de marcha a pie), a pesar de lo cual tiene algo más de 200 habitantes, principalmente tibetanos.
En abril 2010 en su intentó de cumbre en el Manaslu, sin éxito (lo lograría posteriormente en octubre del mismo año), Carlos Soria visitó el pueblo de Sama y su monasterio, Pema Choling, donde se encuentra la residencia del Lama, la autoridad religiosa del pueblo. Fue entonces cuando nació ese vínculo especial entre ambos.
Se acababa de construir una pequeña escuela para 100 alumnos, de los cuales 60 eran internos, pues vivían en pueblos situados a varias jornadas caminando. Pero no contaban con sacos de dormir, colchonetas ni mantas o edredones para los niños. Además de necesitar material escolar, ropa y alimentos.
En su encuentro con el Lama, al que ya conocía desde 1973, decidió que en su próximo intento aprovecharía para llevarles materiales y equipamiento. Carlos Soria y su amigo el geólogo y alpinista Sito Carcavilla lideraron un trekking solidario que llevó varios barriles de material variado hasta Sama.
El proyecto solidario fue un éxito y ayudó mucho a un pueblo con una escolarización muy baja, donde los niños deben trabajar en el campo junto a sus padres para sacar adelante una economía basada en una cosecha anual de patata y cebada y una cabaña de yaks, su principal fuente de recursos.
Toda ayuda es poca, pero gracias a Carlos Soria y Sito Carcavilla ahora los niños de Sama reciben la educación que merecen. BBVA puso su interés también en este proyecto al que ayudó con un ambicioso plan de desarrollo para que Sama y su escuela no tengan que vivir de la caridad, si no que sean autosuficientes. Ahora vuelven a necesitarnos.