Carlos Soria entre el campo 1 y el 2 de la ascensión al Lothse
El alpinista abulense Carlos Soria ha compartido cuatro días con el director de la revista Desnivel en el campo 2 del Everest/Lothse. Dice Darío Rodríguez que “no deja de sorprenderme el nivel deportivo y calidad humana de este hombre de 72 años que está haciendo una actividad única a nivel mundial, prácticamente solo y con una escasez de medios sorprendente”. Pero lo que más impresiona a Rodríguez “es la absoluta austeridad de su expedición al Lothse”.

Compara el cronista desde el Himalaya la comodidad de las expediciones comerciales más pudientes con la pequeña tienda compartida con Soria, que carece de esas comodidades. Por eso no deja de resaltar como su intento de ascender al Lothse es “mucho más meritorio” y como “afronta su objetivo de una forma absolutamente independiente”.
Escribe Darío Rodríguez que “la única ayuda con la que cuenta es la del sherpa Muktu, que le ha acompañado ya en varias expediciones”. Y eso que no se entienden mucho porque el inglés de Carlos es escaso al igual que el de su sherpa. Mientras el abulense le habla en castellano, Muktu lo hace con gestos.
La teoría de Carlos sobre la aclimatación es que no hay que estar demasiado tiempo en altura pues el desgaste es superior al posible beneficio”, relata el periodista. De ahí que tras aclimatarse tres noches en el campo 2 (6.400 m.) en un par de ocasiones pretenda llegar al campo 3 sin dormir en el mismo y de ahí atacar la cima del Lothse.,
“La vida es bastante dura, pero con unos amaneceres y atardeceres de una belleza extraordinaria”
Desde las montañas asiáticas, Carlos Soria, informa como la ascensión al campo 2 “fue muy dura” debido al fuerte calor reinante en el Valle del Silencio, al que califica como “un auténtico horno durante las horas de sol y un lugar terriblemente frío cuando le invade la sombra”. Señala que la escalada de la cascada por la que tiene que transitar “está en muy buenas condiciones”, con cuerdas que sirven “para cruzar algunas grietas, siempre emocionantes, pero con poco peligro”. Considera que el campo 2 “es un lugar a una altitud ideal para la aclimatación”, donde la mayoría de las expediciones se instalan con un buen número de comodidades como tienda de cocina con cocinero, comedor con sillas y mesas y tiendas de dormir.
Ese no es el caso de Carlos que cuenta con “una pequeña tienda que sirve de almacén para el material y la comida”, además de utilizarse como cocina. “Por lo que la vida es bastante dura, pero con unos amaneceres y atardeceres de una belleza extraordinaria”. Nada que ver con el campo base que es “todo un lujo, una tienda para ti solo, con tu confortable colchoneta, que te sirvan la comida sentado en una silla, tener todo el agua que necesites y principalmente los guisos de Juanito (Oyarzábal), que los realiza con gran maestría y sobre todo con mucha generosidad y cariño por sus compañeros”. Del montañero vasco opina “que conviviendo con él es otra persona totalmente distinta a la imagen que en algunas ocasiones los medios de comunicación y él mismo dan de su persona”, calificando la convivencia en el campo base como “estupenda”, la mayoría de las veces “gracias a su talante y sus bromas”.