Ángel G. Alameda / Hubo un momento, bajo el aire gélido y cortante que azotaba la capital danesa, en el que el asfalto se convirtió en un lienzo donde solo una mujer sabía cómo escribir su nombre. Likina Amebaw, la atleta etíope que ha encontrado en la tranquilidad de Peguerinos su refugio y su hogar, no solo compitió en el WRRC Copenhagen 26: ella dictó una sentencia de velocidad absoluta.
La mañana se presentó hostil, con un viento que parecía querer frenar los sueños de las corredoras, pero para Amebaw, la meteorología era apenas un telón de fondo. Desde que se dio la salida, la número uno del ranking mundial dejó claro que no había viajado hasta Dinamarca para especular. Mientras la representante británica intentaba imponer un ritmo efímero en los primeros compases, la etíope aguardaba, paciente, como un depredador que conoce el momento exacto en el que la presa debe caer.
Cuando Amebaw decidió pasar al ataque la carrera se rompió en mil pedazos. Fue un movimiento definitivo, una sinfonía de zancadas que dejó atrás cualquier atisbo de duda, imponiendo un ritmo infernal en el último kilómetro. Solo la keniana Caroline Gitonga se atrevió a desafiar la hegemonía de la abulense de adopción, sosteniendo un duelo de titanes que elevó el nivel de la prueba a cotas extraordinarias.
El resultado fue un recital de potencia: 14:41. Una marca que habla de una superioridad insultante, un registro que, en una jornada donde seis mujeres lograron bajar de la barrera de los 15 minutos, se alza como una cumbre inalcanzable. Gitonga se colgó la plata con 14:48, y la australiana Rose Davies completó el podio con 14:50, observando desde la distancia cómo la etíope cruzaba la meta con la autoridad de quien sabe que el oro le pertenecía antes incluso de empezar.
Pero su hambre de gloria no se sació con el triunfo individual. Como si de una conquista colectiva se tratara, Amebaw lideró también al equipo etíope hacia el oro en la modalidad de relevos mixtos, deteniendo el crono en unos imponentes 55:49, dejando a Australia y Kenia en la lucha por el resto de los metales.
Likina Amebaw ha encontrado en el corazón de la sierra abulense la paz necesaria para volar sobre el asfalto. Desde Copenhague, el mundo del atletismo se inclina ante ella. Peguerinos tiene un motivo más para presumir de su vecina más rápida: la mujer que, en apenas 14 minutos y 41 segundos, se hizo eterna. El título podría haber sido español si se la hubiera concedido esta nacionalidad que en su día solicitó y que nunca la concedieron, a diferencia de lo ocurrido con atletas de otros países que no han tenido problemas para llevar la bandera de este país. Algo inexplicable.










