@deportesavila / El sol de septiembre, testigo mudo de hazañas, iluminó las pistas de pádel de Naturávila con un brillo especial. No era un día cualquiera: era la consagración. La II Copa Pádel Diputación de Ávila cerró su telón con un final digno de los grandes relatos épicos, donde la comarca de La Moraña se alzó como protagonista absoluta, arrasando en las tres categorías y dejando claro que, en estas tierras, el pádel late con fuerza propia.

Campeones masculinos

Mirueña de los Infanzones, con la elegancia de quien revalida un título, vencía a Langa en la final masculina como un general que no cede su trono. Arévalo, por su parte, desarmó a Barromán en la femenina con una exhibición de precisión y garra, mientras que Fuente el Sauz, en un giro de guión digno de novela, arrebató la victoria a sus vecinos de Arévalo en la final mixta. Tres coronas, un mismo reino: La Moraña.

Pero el dominio no terminó ahí. Los escalones del podio también olieron a tierra morañega: Hurtumpascual y Pajares de Adaja, tercero y cuarto en masculina; Langa y Muñomer del Peco, en el mismo orden entre las féminas. ¿Casualidad? No.

Campeonas femeninas

Las pistas del Centro de Ocio y Deporte de la Diputación bullían desde el amanecer. Dieciséis equipos, tres categorías, una sola meta: la gloria. Y bajo la atenta mirada de los diputados Luis Padró (Deportes y Naturávila), Javier González (Cultura) y Fernando Toribio —el visionario que, con una enmienda presupuestaria, hizo posible este torneo—, el pádel se convirtió en más que un deporte: en un acto de hermandad y pasión.

La ceremonia de entrega, que se prolongó hasta más allá de las nueve de la noche, fue el broche de oro. Trofeos, medallas y sonrisas se entrelazaban mientras Padró, declaraba: «Hoy hemos visto competición de alto nivel, pero sobre todo, hemos visto corazón. Cuarenta y cinco equipos este año, y el sueño de que la tercera edición supere todas las expectativas ya está plantado.»

Y así, entre el eco de las palas golpeando la pelota y el murmullo de los espectadores, La Moraña escribió con letra de oro una página más en el libro del pádel abulense. Una página que da ese orgullo que solo otorga el saberse imbatible.

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