@deportesavila / El alpinista abulense Carlos Soria (Ávila, 1939) ha regresado a España convertido en leyenda, tras culminar una hazaña histórica: ascender el ochomil Manaslu a la edad de 86 años y medio. Apenas 30 horas después de aterrizar, Soria concedió al diario deportivo MARCA una entrevista donde relata los detalles de una expedición marcada por la celebración y la dureza extrema.

«Lo que me había propuesto era algo muy bonito: celebrar los 50 años del primer ochomil que se hizo en España, la primera montaña que se subió y en la que yo participé muy activamente,» explicó Soria, en referencia a la expedición española de 1975. «Fue muy dura la subida y, sobre todo, la bajada. Muy dura, muy dura, pero muy gratificante«.

La dificultad del descenso y el rescate

Si bien la cumbre fue un triunfo, el descenso puso a prueba la resistencia del alpinista. Soria confesó haber sufrido varios golpes importantes.

«Hubo que tener mucho cuidado a la bajada y tuve varios golpes tanto en la cabeza como en la prótesis de la pierna de la que me operaron,» relató. Debido a las complicaciones y el desgaste físico, el equipo decidió tomar una medida de urgencia. «Por eso, en el campo III me recogió un helicóptero para descender hasta abajo del todo y lo agradecimos todos

Soria notó el peso de sus 86 años, especialmente el desgaste del cuerpo y la pérdida de peso de unos seis kilos tras romper su prótesis dental. Su esfuerzo fue tal que su amigo, el doctor Manuel Leyes, lo comparó con completar «tres maratones seguidos o un ‘ironman’».

Conquista personal y coste de la aventura

A pesar de las dificultades y la falta de apoyo corporativo, Carlos Soria logró financiar la gesta.

«Me ha costado 70.000 euros. He tenido una pequeña ayuda de 18.000 de la Comunidad de Madrid, pero me ha costado dinero de mi bolsillo,» reveló, explicando que decidió emprender la aventura «como yo quiero» tras rechazar acuerdos que lo harían sentir «esclavo«.

Aunque ha sido felicitado por «el mundo de la calle, los periodistas y amigos«, Soria lamentó no haber recibido ningún mensaje «oficialmente… en lo institucional» por parte del Gobierno o del CSD, pese a la repercusión mundial de su récord.

El abulense, que siente un cariño especial por el Manaslu y su pueblo cercano, Sama, ya piensa en el futuro, aunque sin ochomiles a la vista por ahora. Su meta es clara: «seguir viviendo como me gusta, haciendo montaña, yendo al rocódromo, a correr, a la Pedriza… alargar mi tiempo de vida haciendo lo que me gusta: montañas y naturaleza.”

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