Ángel G. Alameda / Jarro de agua fría y máxima conmoción entre la afición encarnada a última hora de la tarde. El Real Ávila ha hecho oficial una noticia que la grada se resistía a creer: el defensa central y hasta ahora primer capitán del equipo, Carlos Pascual, pone fin a su etapa en el club de su vida tras romperse de forma definitiva las negociaciones para su renovación.

Pese a las esperanzas de los seguidores abulenses de seguir contando para la temporada 2026/2027 con su gran ídolo, estandarte e icono, la entidad ha comunicado que «no ha sido posible alcanzar un acuerdo«. Desde la sociedad anónima deportiva han querido remarcar que, a pesar del triste desenlace, «se ha trabajado con la máxima voluntad y esfuerzo para prolongar este camino juntos«, pero las posturas de ambas partes no han coincidido.

El fin de una era

Con la salida de Carlos Pascual no solo se marcha un futbolista, se despide una leyenda viva del club. Su marcha pone fin a una vinculación de siete temporadas en el primer equipo divididas en dos etapas, además de todos sus años formativos en la cantera encarnada.

Su idilio con el Estadio Adolfo Suárez comenzó el 7 de enero de 2017, cuando con apenas 17 años y siendo juvenil debutó en Tercera División jugando el último minuto frente al Tordesillas. Su proyección llamó la atención del Rayo Vallecano, que lo fichó en el verano de 2017 para su División de Honor Juvenil y posteriormente en el filial. Tras una grave lesión en Vallecas y una exitosa cesión en el Atlético Pinto para recuperar su mejor nivel, Pascual regresó a su casa en el año 2020.

Desde entonces, ha encadenado seis temporadas consecutivas como una pieza absolutamente imprescindible. En una plantilla configurada en los últimos años por una gran mayoría de futbolistas procedentes de otras latitudes, el capitán se mantenía con orgullo en el Real Ávila como el último gran mohicano e indiscutible representante del fútbol autóctono abulense.

Más de 200 partidos defendiendo el escudo encarnado

Carlos Pascual se despide habiendo vestido la elástica del Real Ávila en más de 200 partidos oficiales, dejando un vacío enorme en el plano deportivo y emocional.

El club, a través de su comunicado oficial, ha querido ensalzar la figura del central afirmando que ha «representado como pocos los valores de este club«, siendo un «capitán dentro y fuera del campo y un ejemplo de compromiso.

«Su entrega, profesionalidad y sentimiento encarnado han dejado una huella imborrable en nuestra historia reciente y en el corazón de una afición que siempre le ha acompañado«, añade la nota institucional, que concluye dándole las gracias «por cada partido, cada esfuerzo, cada celebración y por defender este escudo con orgullo durante todos estos años”.

La entidad ha querido cerrar este doloroso capítulo recordándole al jugador que el Real Ávila «siempre será tu casa y el Adolfo Suárez siempre tendrá las puertas abiertas para uno de los nuestros«, deseándole la mayor de las suertes en sus futuros proyectos tanto en lo profesional como en lo personal. La grada encarnada se queda hoy un poco más huérfana de identidad.

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