A. Goal / El otoño ha llegado a Ávila con el peso de las expectativas sobre los hombros de sus equipos. La tercera jornada de la Primera División Regional de Aficionados no perdona: los dos representantes de la provincia se enfrentan a duelos de fuego, con la obligación moral de regalar a su afición el primer triunfo de la temporada. El escenario, sus propios feudos. La misión, convertir la ilusión en tres puntos.

El Real Ávila Promesas ansía el triunfo

El Santiago Sanz se vestirá de encarnado este sábado 26 de septiembre (18:30 horas) para recibir al Villamuriel, en un choque donde los de Irving Morales no pueden permitirse otro tropiezo.

Dos empates consecutivos —el 2-2 en Astudillo y el 1-1 en Briviesca— han dejado un sabor agridulce en la boca de un equipo que ansía el triunfo como el aire. El factor campo, esa arma invisible, debe ser su aliado. Pero el rival no llega en vano: el Villamuriel, con una victoria ajustada ante el Coca (3-2) y una derrota por la mínima en Villarcayo (1-0), sabe lo que es sufrir y lo que es ganar. Será un partido de ajedrez, donde cada movimiento puede ser el último.

La Cebrereña: confirmación o revancha

Al día siguiente, domingo 27 (17:00 horas), en El Mancho será testigo de un duelo con memoria. La Cebrereña, semicolista tras un empate en Burgos con el Internacional Vista Alegre (1-1) y una derrota en casa ante el San José (1-3), no conoce aún la miel de la victoria. Solo un punto en dos jornadas es un balance que quema. Y frente a ellos, el Golmayo-Camaretas, un equipo de contrastes: la paliza en Becerril (4-1) y la resurreción ante el Internacional Vista Alegre (3-2).

La historia reciente añade dramatismo: la pasada temporada, los sorianos se llevaron el triunfo de Cebreros (0-1), pero los de Pepe García respondieron con un 1-2 a domicilio. Ahora, la revancha —o la confirmación— se juega en casa.

Dos partidos, dos oportunidades, dos equipos con el mismo sueño: que el fin de semana sea el principio de algo grande. Porque en el fútbo a veces el destino se escribe con tiza en un vestuario. Y esta vez, Ávila tiene la pluma.

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