Ángel G. Alameda / La reciente aprobación por parte de la Junta de Gobierno Local para licitar el Concurso de Saltos Nacional de Ávila para 2026 y 2027 no es solo una noticia deportiva; es, ante todo, una declaración de intenciones económicas. Con Por Ávila en el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Ávila, tras un periplo de incertidumbre, suspensiones y un intento fallido de «low cost» en 2025 que dejó el concurso desierto, el Ayuntamiento parece haber entendido que en la hípica, como en la inversión pública, lo barato a veces sale demasiado caro.
Recuperar la categoría de cuatro estrellas con una licitación de 75.000 euros anuales no es un capricho estético. Es el precio de mercado para volver a situar a Ávila en el mapa de la élite ecuestre. Pero, ¿por qué es tan vital este gasto para el ciudadano que no pisa la pista de San Segundo? La respuesta está en el impacto transversal.
El «efecto arrastre» en la economía local
El adelanto de las fechas al fin de semana del 10 al 12 de julio, integrándolo en las Fiestas de Verano, es un movimiento estratégico que puede resultar favorable para la economía local. El concurso de saltos atrae a un perfil de visitante de alto poder adquisitivo: jinetes, equipos técnicos, propietarios y aficionados que no vienen de paso. Se instalan en la ciudad, pernoctan en nuestros hoteles y consumen en nuestros establecimientos comerciales y restaurantes durante al menos tres días. En una ciudad que lucha contra la estacionalidad turística, asegurar un lleno técnico en julio puede ser oxígeno puro para el sector servicios.
El retorno de la inversión
Si analizamos los 75.000 euros de licitación frente al gasto directo que generan cientos de familias vinculadas al circuito hípico, la balanza se inclina rápidamente a favor de la ciudad. Se estima que el impacto económico de un evento de estas características multiplica por cuatro o cinco la inversión pública inicial. Dinero que circula en las gasolineras, en los comercios locales y que proyecta una imagen de Ávila como ciudad viva y capaz de organizar eventos de primer nivel.
Recuperar la confianza empresarial
La cronología de los últimos siete años —con cuatro suspensiones— había minado la confianza de las empresas del sector. El hecho de que en 2025 nadie quisiera organizar el concurso fue un síntoma de agotamiento. Al elevar el presupuesto y ofrecer un contrato de dos años (más dos de prórroga), el Ayuntamiento ofrece ahora estabilidad. Las empresas necesitan previsibilidad para patrocinar y los jinetes necesitan un calendario sólido para planificar sus temporadas.
Mucho más que un evento elitista
A menudo se critica la hípica como un deporte de élite, pero esa es una visión miope de su función social y económica. El Concurso de Saltos de Ávila es una tradición arraigada (ha cumplido 60 ediciones), una cita que forma parte de la identidad de nuestra tierra y que, por encima de todo, funciona como un motor de visibilidad nacional al ser el acontecimiento deportivo de mayor rango de los se han celebrado con asiduidad en la ciudad.
La apuesta para retornar a las cuatro estrellas es una apuesta por el orgullo de ciudad y por el bolsillo de los abulenses. Si el proceso de contratación culmina con éxito, el próximo mes de julio las gradas de la pista hípica de San Segundo no solo verán saltar caballos; verán cómo Ávila recupera un activo económico que nunca debió dejar escapar.






