Ángel G. Alameda / El fútbol, en su eterna exigencia competitiva, no entiende de treguas ni de tiempos muertos. Tras enderezar el rumbo al calor de su afición en el Estadio Adolfo Suárez con dos victorias balsámicas y consecutivas —el sufrido triunfo por 2-1 frente al Calvo Sotelo y la trabajada e inteligente victoria por la mínima ante el Getafe B—, el Real Ávila afronta este domingo un examen de máxima graduación en tierras madrileñas. A partir de las 12:00 horas, los encarnados visitan Matalapiñonera para medirse a la U.D. San Sebastián de los Reyes, con el imperativo categórico y la ilusionante ambición de estrenar, por fin, su casillero de victorias a domicilio.
El arranque liguero de los abulenses ha estado marcado por la dualidad del calendario. Si bien los primeros compases del curso obligaron a los encarnados a remar contracorriente lejos de las murallas, encajando tropiezos en las dos primeras salidas, la reacción como locales ha devuelto el tono anímico y la fe en una idea de juego innegociable. Sin embargo, en el horizonte aparece un escollo de proporciones mayúsculas: un Sanse que marcha instalado en la quinta posición de la tabla tras sumar siete puntos de doce posibles, ratificando desde el primer silbato su condición de claro aspirante a la zona noble de la clasificación.
Coloso madrileño con hechuras de categoría superior
El cuadro madrileño se presenta a la cita con la necesidad de enderezar el rumbo tras sufrir su primer descalabro del curso el pasado fin de semana en su visita a la Gimnástica Segoviana (2-0). Pese a ese traspié, los blanquirrojos atesoran un currículum reciente que impone respeto: habituales en la pelea por el ascenso —con desenlaces tan crueles como caer en el minuto 114 de la última eliminatoria definitiva o rozarlo de igual modo dos temporadas atrás—, el bloque dirigido por Manolo Sanlúcar mantiene una estructura férrea, experimentada y con recursos letales en todas sus líneas.
Su trayectoria en este arranque lo retrata a la perfección: comenzó imponiéndose con solvencia a domicilio al Tordesillas (1-3), confirmó su solidez superando por la mínima al Real Valladolid Promesas (1-0) y amarró un meritorio empate sin goles en su feudo ante el líder intratable del grupo, el Numancia. Un rival de roca, experto en la categoría y con jugadores con pasado en divisiones superiores, que buscará morder desde el primer minuto para disipar las dudas de su última salida.
La brújula de Marchena: identidad, balón parado y máxima alerta
Consciente de la dificultad extrema del envite, el técnico encarnado, Jorge Calvo ‘Marchena’, compareció ante los medios de comunicación para diseccionar las claves de un duelo donde el margen de error será prácticamente nulo. El preparador abulense incidió en la necesidad de competir con los cinco sentidos durante los noventa minutos.
«Nos enfrentamos a un rival que va a pelear por todo en la temporada y que si no estamos a nuestro 120% fuera de casa, no conseguiremos el objetivo. Es un equipo súper competitivo, con las ideas clarísimas, que se complica muy poco y que explota el balón parado con armas bestiales para hacer daño», advirtió Marchena, subrayando que el club madrileño no es casualidad que roce siempre la gloria del ascenso.
Cuestionado sobre si el reciente choque ante el filial getafense —caracterizado también por la verticalidad y el juego directo— puede servir de espejo táctico, el técnico aclaró que, aunque el modelo general pueda presentar similitudes estructurales, la disposición del rival madrileño exigirá matices específicos, especialmente en la contención de su bloque defensivo y en la lectura de los espacios.
Asimismo, Marchena valoró positivamente el punto de inflexión anímico que supuso conseguir la ansiada portería a cero en la última jornada: «El equipo venía trabajando muy bien en labores defensivas, incluso desde la pretemporada. Lo determinante son las áreas. El otro día supimos sufrir, apareció el portero cuando tuvo que hacerlo y consolidamos un bloque sólido durante todo el encuentro. Queremos que esa sea nuestra línea de continuidad».
En el plano físico, y tras bromear con la intermitencia de las lesiones en las comparecencias de prensa, el técnico confirmó que, salvo los contratiempos de larga duración ya conocidos, el resto de la plantilla se encuentra a su entera disposición para configurar un once reconocible, competitivo y fiel a sus señas de identidad.
Dirección arbitral y alicientes sobre el césped
El duelo en Matalapiñonera estará dirigido por el colegiado sevillano Abraham Gutiérrez, auxiliado en las bandas por Leonardo González y Luis Medina. A sus 33 años, el trencilla andaluz acumula cuatro temporadas de experiencia en la categoría de Segunda RFEF, con un bagaje de 54 partidos pitados y una media de tarjetas amarillas que supera las cinco por encuentro (5,17), un dato que avisa de la intensidad con la que se suelen disputar estos pulsos de altura.
Con el arbitraje designado y los últimos automatismos pulidos durante los entrenamientos semanales, el Real Ávila encara su gran prueba de fuego del curso. Llegar a Matalapiñonera, competir de tú a tú y sumar los tres puntos no solo significaría estrenar el casillero de victorias foráneas, sino dar un puñetazo en la mesa que consolide el proyecto encarnado en la zona noble de la tabla.






