El legado de posiblemente uno de los mejores corredores de las grandes vueltas de ciclismo

Cuando Carlos Sastre se retiró a finales de 2011, el mundo del ciclismo apenas se inmutó. Unos pocos meses después, ProCycling se reunió con Sastre para preguntarle si los recientes acontecimeintos revalorizarán su legado. «En la vida nada es fácil. Tal vez yo estoy equivocado. Tal vez elegí el camino equivocado y quizá por eso no he logrado el reconocimiento tras toda mi carrera. Yo no soy juez: No sé si tomé el camino correcto y otros el equivocado. Pero en su momento nunca perdí el tiempo pensando si estaba haciendo lo correcto. Lo hice al inicio de mi carrera y desperdicié energía pero al final aprendí como vivir con el sacrificio y el entrenamiento y aún así obtener satisfacciones«.

Las declaraciones de Carlos Sastre coinciden con la localización de nuestro primer encuentro el 1 de junio de 2012, el 33º y último piso de Broadgate Tower, 165 metros sobre las calles del centro de Londres. Allí arriba, lejos del ajetreo y el bullicio, entre las nubes y las palabras de Carlos, el significado es como el aire, está a tu alrededor pero es imposible de agarrar. Tal y como dice Gèrard Vroomen, antiguo jefe de Sastre en Cervélo: «Carlos tiene una manera particular de hablar… puede sonar como un filósofo. Tú piensas que sabes lo que quiere decir, pero nunca estarás al 100% seguro de ello«.
Algunas cosas han cambiado en el medio año desde que salió de puntillas del ciclismo profesional, pero no esto. Sastre se expresa de la misma manera. Tampoco su semblante ha cambiado; los mismos ojos tristes, la misma «casi gris, piel marchita» que impresionó a Bjarne Riis en su primer encuentro en 2001, el cual dejó la duda a Riis sobre por qué Laurent jalabert le había recomendado al español.
Sastre ha ganado algo de peso pero el traje negro que viste para la presentación de la Marcha Trois Étapes la cual está promocionando todavía le ahoga. «Todavía salgo con la bici, no tanto como me gustaría, pero un poco sí que salgo«, comenta. Imagina que su futuro estará ligado a la bicicleta, pero todavía no está seguro de qué manera. «Estoy ayudando en la Fundación Deportiva en Ávila, el club donde empecé, pero no tengo ninguna responsabilidad. Me encantaría hacer algo por el ciclismo, pero necesito algun tiempo para echar de menos el ciclismo antes de descubrir qué puedo hacer
La pregunta que nos concierne a nosotros hoy es si el ciclismo echa de menos a Sastre tanto como debería. La falta de reconocimiento fue un tema recurrente a lo largo de su carrera y parece que le ha seguido hasta su retiro. Esto, a pesar de una nueva perspectiva agudizada, se acopla a una realidad extendida al paisaje ciclista; en julio de 2008, Lance Armstrong vió ganar a Carlos el Tour de Francia. Su viejo gregario Christian Vande Velde terminó quinto, y se burló. Luego dijo que era «una broma» y una buena razón para intentar su vuelta a la competición.
En las últimas semanas y meses, por supuesto, las bromas se han hecho sobre Armstrong, y no es que alguien esté riendo. Dado que el primer ganador tras la dinastía Armstron fue Floyd Landis y tras él Alberto Contador, la victoria infravalorada de Carlos en el Tour de 2008 gana por lo tanto más elogios. Para encontrar a un ganador del Tour con ninguna mancha por dopaje antes de él tenemos que remontarnos a… el estridente critico de Armstrong, Greg Lemond. 
Todo esto, sin embargo, parece importar poco a Sastre: «El hecho de terminar mi carrera sin ser envuelto en ningún caso o escándalo por dopaje no me hace ni feliz ni orgulloso. Me siento feliz porque he tenido una carrera exitosa, tengo una gran familia y soy la misma persona que era antes. Incluso con casi 20 años de profesionalismo, todavía amo el ciclismo…«

Pasando a profesionales con ONCE

Como es habitual, entonces, el mensaje no es lo que Carlos dice, sino lo que no dice. Saltó al profesionalismo en el equipo ONCE en 1997 sin expectaciones y, él dice, sin ninguna conciencia de la plaga de dopaje que estaba por explotar en el Tour de Francia del año siguiente.
Todo lo que él sabía era que, si alguna vez fuera a correr el Tour, lo cual le parecía un objetivo fantástico, él quería al menos 150.000 euros por temporada por hacerlo. Al escucharlo, sus compañeros de equipo del momento Luis Pérez, Rafael Díaz e Iñigo Cuesta rieron. «Pero algunos años más tarde, ellos vinieron a mí a decirme que tenía razón«, Sastre sonríe ahora. «Ves, yo sabía que, si nosotros íbamos al Tour, significaba que teníamos algo, talento, pero también porque habíamos trabajado muy duro para llegar allí…» 
No obstante, comenta, antes de que finalmente debutara en el Tour de 2001 con los colores de la ONCE, el escándalo Festina había causado una gran conmoción. «Yo no sabía nada sobre dopaje» asegura. «Era profesional desde hacía pocos meses, entonces el escándalo Festina se destapó y todo lo que vino después. Para mí fue muy duro. Era duro porque lo que yo estaba haciendo era completamente distinto a lo que escuchaba por los medios de comunicación. No era agradable. En aquella época, escuelas y universidades me llamaban para dar charlas a sus estudiantes y un día, un chaval me preguntó que sentía cuando la gente me llamaba «drogado». No le pude dar una respuesta, pero le hice una pregunta. Le dije «Si tú estudias muy duro para tener buenas notas pero aún así no sacas más que aprobados, y el profesor te dice al final del curso y te dice que has copiado y estás suspendido, ¿cómo te sentirías?» Él me miró y no supo qué decir. Porque es lo mismo, si tú estuvieras trabajando duro y aún así alguien dijese ese tipo de cosas sin saber nada sobre tí, te sentirías frustado. Como yo lo estaba.«
Por supuesto, con lo que sabemos ahora, es fácil sospechar de la ingenuidad de Sastre. Formaba parte, al fin y al cabo, del equipo ONCE dirigido por Manolo Saiz. El mismo Saiz que retiró a sus corredores en masa del Tour de 1998 con el mensaje de despedida «He metido el dedo en el culo al Tour de Francia«. El mismo Manolo Saiz qué, tal vez más al punto, fue arrestado en 2006 junto a Eufemiano Fuentes en la que más tarde fue conocida como la Operación Puerto.
Le preguntamos a Carlos si alguna vez Saiz intentó tentarlo. «Manolo nunca me ofreció nada. Corrí con él cinco años y él nunca lo hizo«, contesta firmemente.
Carlos continúa explicando «Manolo me enseñó el valor del trabajo duro y del sacrificio y como ganarme el respeto de mis compañeros de equipo. Me enseñó muchas cosas que me fueron de mucha ayuda cuando me fui al CSC y al Cervélo. Era un entrenador muy duro, disciplinario, muy práctico pero a la vez muy inteligente. Cometió muchos errores, y él sigue pagando por ellos, pero pienso que Manolo fue un revolucionario del ciclismo. Controlaba todo en el equipo en aquel momento. Ningún equipo tenía autobuses en aquella época, excepto la ONCE, y nosotros teníamos cuatro. Teníamos más de 1.000 bicicletas para el equipo. No había otro equipo parecido al nuestro«.

La manera Sastre

El ex compañero de Sastre en Cervélo, Daniel Lloyd, relata una historia sobre el español que es una clara metáfora sobre la progesión de la carrera de Carlos tras la ONCE. Primavera de 2009, Sastre era el vigente ganador del Tour y Lloyd un novato en el ProTour que había trabajado y luchado por abrirse camino en la elite en la avanzada edad (para un ciclista) de 28 años. Tras pasar marzo y abril aprendiendo el trabajo en las Clásicas, Lloyd fue mandado directamente al Giro de Italia como gregario de Sastre, como su perro de guardia. La primera, crucial llegada llegó en el cuarto día de carrera, en la cuarta etapa entre Padova y San Martino di Castrozza. A falta de unos 80 kilómetros para la meta, el pelotón empezó a crepitar con nerviosa energía. La velocidad aumentó. Lloyd salió de la estela de Sastre y remontó hasta su altura. El inglés recuerda «Por aquel entonces yo ya me había dado cuenta de que a él, al contrario que otros líderes, le gustaba colocarse en la parte trasera del pelotón, pero aún así le pregunté si no era el momento de empezar a escalar posiciones para buscar un hueco en la parte delantera del pelotón, porque se estaban formando las primeras puntas de ataque. Me dijo que no, y que ya me  avisaría si me necesitaba. Seguimos así por varios kilómetros más. La velocidad seguía aumentando. Volví a adelantarme para volver a preguntarle. «Er… Carlos, no deberíamos… er…» Misma respuesta de Carlos. Y esto siguió sucediendo el resto de la etapa hasta el primer gran puerto. Una vez en la ascensión, corredores comenzaron a descolgarse y a abrirse distancias. Nosotros comenzamos la subida sobre 30 posiciones detrás cuando comenzamos el puerto pero él continuó toda la subida a su ritmo constante y terminó en el grupo de cabeza. Y así es como él generalmente corría…» 
En un sentido más amplio, dejando atrás Saiz y ONCE por Riis y CSC al final de 2001, comienza el laberíntico eslalon de Sastre sobre los escombros humanos de una generación desintegrada. Desde el principio, sin embargo, su relación con el danés fue muy turbulenta. En su autobiografía, Riis llama a Sastre «particularmente cabezota» y dice que sus conversaciones eran «una especie de batalla» por lo general en torno a entrenamientos y dos filosofías fundamentalmente diferentes.
«En mi opinión, sus escusas se debían a que él no quería ningún tipo de estructura o sistema en su entrenamiento. También pienso que tal vez estaba preocupado por no cumplir con las expectativas, tanto las suyas propias como las deos demás» escribió Riis. 
Ironicamente, Sastre en general coincide con Riis en cuanto al origen de sus desacuerdos. Tras unas pocas carreras con resultados decepcionantes para el CSC, él y Riis se enfrentaban. «Le dije muchas veces «Bjarne, yo no soy un robot». No me quejaba por el gusto de quejarme«, recuerda, su voz alzándose ligeramente.
«Traté de escuchar en la medida de lo posible y el primer año cuando me uní al equipo hice todo su entrenamiento. Y fuí hacia atrás. Ellos se quejaban sobre mí porque no iba bien. Puedo recordar a Johnny Weltz, uno de los directores deportivos, llamándome para decirme que Bjarne se estaba quejando de mí, diciendo que yo no estaba corriendo bien porque había firmado un contrato de dos años y que quería pasarme la primera temporada tocándome las pelotas, para después correr bien la segunda temporada y así lograr un buen contrato. Yo dije, OK, si tu piensas eso, podemos romper el contrato ahora mismo y no seguiré ninguno de los métodos científicos de Bjarne nunca más». Él dijo: «no, no, nosotros no queremos hacer eso, pero queremos que sepas que no estamos completamente satisfechos». Tras esta conversación, dije que diseñaría mis propios entrenamientos. Así lo hice y tras pocas semanas mejoré mis resultados«.
Pero, según cuenta Sastre, incluso cuando comenzó a liderar las grandes vueltas, ganando etapas y terminando en podio, la fe de Riis en él nunca fue ferrea. Él cree que estaba preparado para ganar el Tour de 2006 cuando la Operación Puerto les privó de su amigo Ivan Basso llevándolo a su propia promoción pero que «el equipo no confió plenamente en mí
Consecuentemente, Carlos sólo pudo ser tercero. Dos años después, el CSC llegaba a Francia con tres ganadores potenciales. Sastre y los dos hermanos Schleck. Como de costumbre, él no es explícito pero tanto  las expresiones nebulosas de Carlos como lo que Riis refiere en su libro sobre el conflicto entre Sastre y los Shkeck sugieren que se trataba de un viaje lleno de baches hacia París.
«Riis y yo éramos como un viejo matrimonio«, Sastre sonríe a sabiendas, con picardía. «Teníamos puntos de vista completamente diferentes. Pero Bjarme me dijo muchas veces, fuera de la bici, «te quiero, Carlos». Mi respuesta a esto era «Por qué entonces eres tan duro conmigo? Yo era la persona que pudo hacer que lo imposible ocurriera para él. Cuando todo era imposible, Carlos Sastre estaba ahí para él; y cuando él tuvo a alguien que podía hacer realidad sus sueños, Carlos Sastre estaba en una segunda fila. Esto fue muy duro para mí. Yo era siempre su segunda opción. Pero aún así puedo decir muchas cosas buenas porque él me enseñó como ganar, como entrenar duro y llegar a una muy buena condición física, y también como tratar a otros corredores, como ser duros y como ser amable con ellos. Me enseñó muchas cosas buenas…«
«Soy el único corredor que ha ganado el Tour con Bjarne Riis; pienso que esto le hace feliz y también me hace feliz a mí…» Su sonrisa se amplía. Esa frase «Soy el único corredor que ha ganado el Tour con Bjarne…» Por toda la modestia de Sastre y por todo lo que él dirá seguidamente, que nunca hubiera podido ganar sin un equipo CSC brillante, detectamos uns pizca de alegría malsana. «Frank Schleck estaba en el top-10 en aquel Tour porque tomé decisiones realmente importantes. Traté de darle todo cuanto pude. Quizá no soy la persona más inteligente del mundo pero durante aquel Tour enseñé a Bjarne Riis, enseñé a los Schlecks y enseñé a mucha gente en aquel equipo. Lo supe porque tras aquel Tour me di cuenta que hacían muchas cosas que yo les había enseñado. Me refiero a como tomar decisiones en carrera, tácticas, y muchas otras cosas que nos ayudaron a ser el mejor equipo en el Tour de Francia«.

Llegada a Cérvelo TestTeam

Tras más peleas con Riis en la Vuelta de 2008, Sastre cambió de un manager alto, imponente, calvo por otro, firmando con recién nacido Cérvelo TestTeam de Gérard Vroomen. 
Sus dos temporadas allí serían de un éxito moderado menguante, siendo sus mejores momentos su tercer puesto en la primera gran vuelta con el nuevo equipo, el Giro de 2009, con el que acabó mansamente en 2010. 
Luego Sastre corrió una, la última temporada con Geox. Igual que su carrera, él se retiró calladamente, casi en silencio.
Vroomen dice ahora que el ciclismo «debería tener a algunas personas más como Sastre«. Ellos, también, tuvieron sus momentos. Sastre podía ser difícil, pero Vroomen concuerda con que nunca fue totalmente apreciado. Recalca los quince top-10 en generales de grandes vueltas, incluyendo seis podios. Es una estadística que, en la opinión de Vroomen, hace de Sastre «probablemente el mejor corredor de grandes vueltas de su generación«. Una generación en la que, como hemos dicho, un expediente intachable en asuntos de dopaje destella.
«Sabes, él tenía sus principios y no podía controlar lo que otras personas hacían, él solo podía seguir trabajando duro. Entonces, hey! un montón de corredores dieron positivo por CERA y él ganó el Tour. Él pensó que todo cambiaría para él tras ese Tour pero él volvió en 2009 y se dió cuenta que, de hecho, nada había cambiado. Pienso que aquello fue muy duro para él.» Considera Croomen.
Continúa: «No firmaría por nadie de ir limpio, como podría saberlo? pero ciertamente eso es lo que se escuchaba en el pelotón sobre Carlos, lo que sus colegas decían. Y normalmente es bastante seguro de lo que se cuece dentro. Suena plausible, en línea con su personalidad y como yo lo he visto, y sus dificultades con algunas personas. Quiero decir, él ha tenido un par de team managers con un pasado cuestionable y parece que él los ha frustrado, lo cual yo creo que es una cosa positiva…«
«Yo también he tenido mis problemas con él pero lo veo como una buena persona, unica e individual en el pelotón.» Dice para terminar Vroomen. «Él hace toneladas de trabajo en proyectos solidarios de lo que tú nunca llegas a escuchar hablar, lo cual demuestra que no está interesado en estar en el candelero. Tiene un caracter especial«. 
Esta también es nuestra impresión, sentados de frente a él en una sala de juntas vacía en un alto edificio del centro de Londres. Antes de retirarse, vuelve a sonreir a su mujer Piedi, hermana del malogrado José María Jiménez, y nos asegura que toda la aprobación que él necesita y siempre ha necesitado a lo largo de su carrera viene de ella, de su familia. «No espero nada. Soy feliz con todas las cosas que he hecho y conseguido y estoy satisfecho de mi carrera» dice, estrechando nuestras manos sonriendo. 
En cuanto al ciclismo, bueno, ahora más que nunca bajo la luz de los recientes eventos, Joni Mitchell tenía razón… nunca sabes realmente lo que tienes hasta que lo pierdes…