@deportesavila / El vecino de Candeleda, nacido en Poyales del Hoyo, Carlos Jiménez, ha concluido culminar el reto que se había propuesto de ascender y descender en casa la distancia al pico Everest, 17.696 metros de desnivel. Después de 28 días, el miércoles 6 de mayo, a las siete y media de la tarde, lograba su objetivo.

Han sido 88.480 escalones, tras realizar 2.947 repeticiones de subir y bajar la escalera. Un reto muy exigente, difícil y duro, con desniveles del 45% permanentes en todo el recorrido y momentos para sentir y querer abandonar por lesiones en rodilla y tobillo.

Nos cuenta Carlos que a lo largo de su aventura ha mantenido la moral, con tres objetivos a alcanzar: la dedicación de su reto a los caídos por el Covid-19 y la dedicación a su familia. Y una convicción personal de poder acabarlo, superando una enfermedad de la visión que le tiene inactivo desde hace tres años.

Durante la realización de su aventura ha recibido el apoyo de “mucha, mucha gente, no solo del Valle del Tiétar, sino de puntos de este país como Santander, Zaragoza, Madrid, Cuenca, Alicante, Málaga, Salamanca, Ávila, Sevilla, Tarragona, Toledo, Valladolid, Oviedo, Cáceres… Y otros países y continentes como como Sudamérica, Ecuador, Argentina, Europa, Italia…”.

Es lo que hace que no te vengas abajo y continúes con una buena dosis de poder psíquico ante las dificultades”, manifiesta Carlos Jiménez, quien agradece a la web de Deportes Ávila y al canal de televisión La 8 Ávila el “interés y disposición a contar a todos esta gesta”.

Lamenta el vecino de Candeleda como único punto negativo “que desde mi propio pueblo, donde vivo desde hace más de 30 años, ni el consistorio ni el alcalde se han dignado, preocupado o interesado con una llamada, un gesto de ánimo o de solidaridad para culminar este proyecto, ya que es algo diferente a las últimas noticias que nos afectan negativamente a nuestra imagen como ciudadanos y como pueblo”.

No andamos sobrados de buenos gestos, noticias, actividades y retos para que se ignoren y nos embadurnen con lo negativo: drogas, furtivismo, affaires políticos, peleas…”, continúa su relato, quien opina que “Candeleda es más que eso. Está formada por gente buena, afable, apacible, leal y trabajadora”, aspectos con los que se queda y por “formar parte de una Candeleda limpia, honrada, generosa y gozosa de los que nos visitan y de lo que podemos ofrecer, que es mucho, mucho afecto y convivencias”.

“Mucho por dar y un poco de recibir”

Mañana empiezo a trabajar en otro proyecto mucho más grande, enorme y difícil”, que pronto revelará, concluye Carlos Jiménez, no sin agradecer a “mi calle, La Vega, vecinos y amigos, el apoyo diario y fantástico, con fiesta final para celebrarlo con música, cava y tarta -eso sí cada uno desde su casa” y a “Lucía, Sergio, Montse, Aurora, Raquel, Antonio, Eva, Sara, Quini, Rosa, Esperanza, Gabi, Marisa, Elena y marido, Nieves y a todos los niños y niñas del barrio porque han sido un apoyo constante e incondicional”.