El Norte de Castilla / El himalayista abulense Carlos Soria ofreció el martes en Valladolid una conferencia en un abarrotado Centro Cívico Vicente Escudero con motivo de la Semana de la Montaña, que organiza el Club Montañeros Vallisoletanos.



¿Qué le impulsa al escalar un ochomil?
La aventura la empecé hace muchos años. A los 14 años conocí la montaña, visité con un amigo la Sierra de Guadarrama para pasar unas vacaciones de 15 días y a partir de ahí me di cuenta que aquello era lo que me interesaba. Lo que me impulsa a escalar un ocho mil es lo que me ha impulsado toda la vida, mi amor por la montaña.
¿A la edad que tiene que le motiva a seguir realizando expediciones? ¿Lo afrontas con la misma ilusión?
Mi motivación es poder escalar montañas, aunque también ahora puedo mandar un mensaje bonito con el que mostrar que una persona tan mayor puede afrontar estos retos y que tiene la posibilidad de terminar los 14. Veremos si me da tiempo. Este reto lo afronto, por lo menos, con la misma ilusión que el resto.
Tiene un factor de riesgo hacer lo que usted hace, ¿cómo los soporta?
La vida es peligrosa. Llevo 60 año subiendo montañas y no me ha paso nada. Tienen su peligro y hay riesgos inevitables. Los otros, trato de afrontarlos con mi experiencia. Hay momentos en los que es mejor darse la vuelta.
¿Pesan ya los años?
La edad pesa, pero pesan las rodillas, también las lumbares, incluso la sordera. Son cosas que surgen con el paso de los años. Si tienes ganas puedes superarlos.
¿Cuál ha sido su mayor reto?
El reto es seguir subiendo montañas. La más complicada que he escalado es el K2 o el Makalu.
¿Sigue con el objetivo de escalar las 14 montañas más altas de la Tierra?
Ahora, por como me encuentro diría que si, pero soy consciente de que tengo 76 años y en cualquier momento todo puede cambiar.
¿Cuáles le faltan?
Faltan tres: Annapurna, Kanchenjunga, Dhaulagiri. En Febrero afrontaré el reto de tratar de escalar el Annapurna y Dhaulagiri, no si lo conseguiré pero merece la pena intentarlo. Antes, el 12 de octubre quiero subir al Ama Dablam, que me parece una de las montañas más bonitas del mundo. Otra de la que guardo especial recuerdo es de Manaslu, fue la primera que intenté en el año 73, no la pude hacer entonces pero si lo conseguí 37 años después.
¿Qué es más importante en este momento, tratar de escalar la montaña o alcanza la cima?
Ahora me he marcado este objetivo de subir Ama Dablam y luego seguiremos con el proyecto de escalar los ochomiles si es posible.
¿Qué piensan sus personas más allegadas cuando les dice que va a escalar otra montaña?
Los que me conocen se alegran por mi, pero los que no, se extrañan porque soy un hombre mayor. Mis conocidos se extrañarían si no les dijera que voy a intentar un ochomil.
¿Cómo vivió el terremoto del Nepal?
Era el día que nos íbamos de la montaña. Iba a venir un helicóptero a buscarnos, pero no pudo llegar por el mal tiempo. Estábamos todos en el campo base, no había nadie dentro de la montaña y de repente notamos como el suelo empezaba a temblar.Fue un gran susto porque estábamos muy cerca del epicentro. Por suerte no nos paso nada.
¿Qué se necesita para afrontar una escalada?
Es muy complicado, va variando. Un expedición en solitario cuesta alrededor de 10.000 euros y una más organizada puede subir a los 100.000.
¿Es importante la financiación?
La financiación se consigue con imaginación. Ahora tengo un buen patrocinador como es el BBVA, pero ha habido momentos en que no he tenido ninguno y he tenido que poner dinero de mi bolsillo. También ha habido ocasiones en que yo mismo he montado expediciones en las que yo iba a gratis porque las organizaba. Ahora al final de mi vida ha aparecido el BBVA, un patrocinador fantástico que me permite afrontar el reto de los ochomiles.
¿Qué ha cambiado desde que hizo su primer ascenso hasta ahora?
En tantos años ha cambiado todo. En el mundo de la montaña ha cambiado mucho la información y el material. Cuando yo empecé no había casi libros, ahora mismo hay mucha información. En mi primera expedición, el correo te lo traían unos sherpas que tardaban más de 15 días en poder darte una carta. Ahora en cualquier campo base tienes wifi. De esa expedición también recuerdo las botas que llevé, que en comparación con las que llevo ahora pesaban un kilo más. Otra cosa que ha cambiado es la cantidad de gente que hay en la montaña.
¿Cómo se prepara uno para subir un ochomil a su edad?
Suelo salir a correr y hacer ejercicio. A veces voy al gimnasio, pero prefiero hacer ejercicio en casa.
¿Recomienda a la gente de tu edad emprender este tipo de aventuras?
Sin duda, la vida no acaba a los 60 años se pueden hacer cosas interesantes si quieres y te preparas. La vida del jubilado es maravillosa y hay que aprovecharla.